Principios de construcción y estabilización de estructuras
Los elementos estructurales
La estructura de una edificación es el conjunto de elementos que soportan las cargas y las transmiten al terreno. Se distinguen los elementos que trabajan principalmente a compresión (pilares, muros de carga), a flexión (vigas, viguetas, forjados, dinteles) y a tracción o flexión (en cubiertas y elementos especiales), además de la cimentación, que transmite las cargas al terreno.
Las cargas pueden ser permanentes (peso propio), variables (uso, nieve, viento) y accidentales (sismo, impacto, incendio). El equilibrio de la estructura depende de que cada elemento y sus uniones mantengan su capacidad portante.
Conocer cómo trabaja una estructura permite al bombero prever su comportamiento cuando se ve afectada por un siniestro.
Datos clave
- Elementos: a compresión (pilares, muros de carga), a flexión (vigas, forjados, dinteles) y la cimentación.
- Cargas: permanentes (peso propio), variables (uso, nieve, viento) y accidentales (sismo, impacto, incendio).
Comportamiento de los materiales ante el fuego
Cada material reacciona de forma distinta al calor. El acero no arde, pero pierde resistencia de manera acusada al aumentar la temperatura y se dilata y deforma, pudiendo provocar el colapso o empujar a otros elementos. El hormigón armado resiste mejor inicialmente, pero el calor puede provocar el desconchado (spalling) y la pérdida de recubrimiento, dejando expuestas las armaduras. La madera arde, pero forma una capa carbonizada superficial que protege el interior, conservando capacidad portante durante un tiempo previsible. La fábrica de ladrillo resiste razonablemente, aunque sufre con los cambios bruscos de temperatura (por el enfriamiento con agua).
Estos comportamientos condicionan los tiempos disponibles antes de un posible colapso.
Datos clave
- Acero: no arde, pero pierde resistencia y se dilata/deforma con el calor.
- Hormigón: desconchado (spalling) y pérdida de recubrimiento que expone las armaduras.
- Madera: capa carbonizada que protege el interior (conserva capacidad un tiempo previsible).
Patologías y signos de colapso
Antes de un colapso, una estructura suele manifestar signos de advertencia que es imprescindible reconocer: grietas y fisuras de evolución rápida, deformaciones visibles (flechas en vigas y forjados, desplomes en muros y pilares), abombamientos, desprendimientos de revestimientos, ruidos y crujidos, y la apertura de juntas.
Las patologías pueden deberse al fuego, a explosiones, a la acción del agua acumulada (sobrecarga), a impactos, a movimientos del terreno o a defectos previos. La acumulación de agua de extinción en forjados es un riesgo de sobrecarga a menudo subestimado.
La detección de estos signos obliga a extremar la prudencia, balizar la zona y, en su caso, evacuar.
Datos clave
- Signos de colapso: grietas/fisuras de evolución rápida, deformaciones (flechas, desplomes), abombamientos, desprendimientos y crujidos.
- Causas: fuego, explosiones, sobrecarga por agua acumulada, impactos, movimientos del terreno y defectos previos.
Técnicas de estabilización: apeos y apuntalamientos
La estabilización tiene por objeto sostener provisionalmente los elementos dañados para permitir el rescate o evitar la progresión del daño. Los apeos y apuntalamientos son estructuras auxiliares (tradicionalmente de madera o, hoy, mediante puntales y sistemas metálicos o neumáticos) que recogen y transmiten las cargas a un punto firme.
Según su disposición se distinguen apuntalamientos verticales (sostienen forjados o vigas), horizontales (contrarrestan empujes entre paramentos enfrentados, como en muros desplomados) e inclinados (estabilizan muros o fachadas con riesgo de vuelco). Deben apoyarse sobre superficies resistentes (durmientes que reparten la carga) y arriostrarse para evitar pandeos.
El dimensionado y la ejecución han de garantizar que el remedio no introduzca nuevos riesgos.
Datos clave
- Apeos y apuntalamientos: sostienen provisionalmente y transmiten las cargas a un punto firme.
- Tipos: verticales (forjados/vigas), horizontales (empujes entre paramentos enfrentados) e inclinados (muros con riesgo de vuelco).
- Apoyo sobre superficie resistente (durmientes) y arriostrado para evitar pandeos.
Seguridad en estructuras dañadas
El trabajo en estructuras dañadas es una de las actividades de mayor riesgo. Rigen principios de seguridad estrictos: evaluar antes de actuar, no acceder a zonas inestables sin estabilización previa, balizar y controlar los accesos, vigilar de forma permanente la evolución y disponer siempre de vías de escape.
Se trabaja desde el exterior o desde zonas seguras siempre que sea posible, evitando la sobrecarga de elementos comprometidos y el uso indiscriminado de agua que añada peso. La actuación se coordina con técnicos cuando la complejidad lo requiere.
El objetivo —salvar vidas— nunca justifica exponer al personal a un riesgo de colapso no controlado.
Datos clave
- Evaluar antes de actuar; no acceder a zonas inestables sin estabilización previa.
- Balizar y controlar accesos, vigilar la evolución y disponer de vías de escape.
- Evitar la sobrecarga de elementos comprometidos (uso indiscriminado de agua).