Redes de distribución e instalaciones (electricidad y gas)
La red eléctrica: del transporte a la distribución
La energía eléctrica se genera en las centrales y se transporta a grandes distancias en alta tensión para reducir las pérdidas. A través de las subestaciones, la tensión se va reduciendo: las redes de transporte y reparto operan en alta tensión, las de distribución en media tensión, y finalmente los centros de transformación rebajan la tensión a baja tensión para el suministro a los usuarios.
Convencionalmente, se considera baja tensión la igual o inferior a 1.000 V en corriente alterna; por encima de ese valor se habla de alta tensión (con tramos de media y muy alta tensión). El conocimiento de esta estructura ayuda a identificar el tipo de instalación presente en un siniestro (líneas aéreas, subterráneas, centros de transformación) y su peligrosidad.
Datos clave
- Cadena: generación → transporte (alta tensión) → distribución (media tensión) → centros de transformación → baja tensión.
- Baja tensión: ≤ 1.000 V en corriente alterna; por encima, alta tensión (media y muy alta).
Riesgos eléctricos
La electricidad entraña riesgos graves para el interviniente. El contacto directo se produce al tocar partes en tensión; el contacto indirecto, al tocar masas que se han puesto en tensión por un defecto. Los efectos sobre el cuerpo (desde la tetanización muscular hasta la fibrilación ventricular y la parada cardiaca, además de las quemaduras) dependen de la intensidad, el tiempo y el recorrido de la corriente.
En alta tensión, además, existe riesgo de arco eléctrico (descarga a distancia, sin contacto) y de tensiones de paso y de contacto en el entorno de un elemento en tensión caído. El agua, al ser conductora, agrava todos estos riesgos.
Datos clave
- Contacto directo (partes en tensión) e indirecto (masas en tensión por defecto).
- Efectos: tetanización, fibrilación ventricular, parada cardiaca y quemaduras (según intensidad, tiempo y recorrido).
- Alta tensión: arco eléctrico y tensiones de paso y de contacto. El agua agrava el riesgo.
Actuación ante el riesgo eléctrico
La regla básica es considerar toda instalación en tensión mientras no se confirme lo contrario. La medida más segura es el corte de la energía por la compañía o el personal autorizado antes de intervenir; el bombero no debe manipular instalaciones de alta tensión.
Cuando no es posible el corte inmediato, se mantienen las distancias de seguridad respecto de los elementos en tensión (mayores cuanto mayor es la tensión), se evita el uso de agua a chorro sobre instalaciones eléctricas y se emplean agentes y técnicas adecuados. Ante un cable de alta tensión caído, se establece una amplia zona de exclusión y se evita el desplazamiento con pasos largos por el riesgo de tensión de paso.
Datos clave
- Considerar toda instalación en tensión mientras no se confirme lo contrario; corte por la compañía o personal autorizado.
- No manipular alta tensión; mantener distancias de seguridad; no usar agua a chorro sobre instalaciones eléctricas.
- Cable de AT caído: zona de exclusión amplia y evitar pasos largos (tensión de paso).
La red de gas
El suministro de gas combustible puede ser por canalización (gas natural, distribuido en redes a distintas presiones desde las estaciones de regulación y medida hasta el usuario) o mediante gases licuados del petróleo (GLP: butano y propano, en botellas o depósitos).
El gas natural es más ligero que el aire, por lo que tiende a ascender y disiparse; el propano y el butano son más pesados que el aire y tienden a acumularse en zonas bajas, sótanos y arquetas, lo que incrementa el riesgo de explosión. Las instalaciones disponen de llaves de corte (de acometida, de contador, de aparato) cuyo conocimiento permite cortar el suministro.
Datos clave
- Gas natural canalizado: más ligero que el aire, asciende y se disipa.
- GLP (butano/propano): más pesados que el aire, se acumulan en zonas bajas, sótanos y arquetas.
- Llaves de corte: de acometida, de contador y de aparato.
Riesgos del gas y actuación ante fugas
El principal riesgo del gas es la formación de una atmósfera explosiva: una fuga genera una mezcla de gas y aire que solo es inflamable dentro de un intervalo, entre el límite inferior y el límite superior de inflamabilidad. Por debajo, la mezcla es demasiado pobre; por encima, demasiado rica. La fuente de ignición de una mezcla en ese rango produce una deflagración o explosión. También existe riesgo de asfixia por desplazamiento del oxígeno.
Ante una fuga: ventilar, evitar cualquier foco de ignición (no accionar interruptores, no usar llama ni equipos que generen chispa), cortar el suministro si es accesible y seguro, delimitar la zona y medir la concentración con explosímetro. Si hay fuego en una salida de gas, por regla general no se apaga la llama hasta poder cortar el aporte, para no crear una nube explosiva no controlada.
Datos clave
- Atmósfera explosiva entre el límite inferior y el superior de inflamabilidad; también riesgo de asfixia.
- Ante fuga: ventilar, eliminar focos de ignición (no interruptores ni chispas), cortar el suministro y medir con explosímetro.
- Fuego en salida de gas: por regla general no apagar la llama hasta cortar el aporte.