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Manual de riesgos tecnológicos y asistencias técnicas — Estructuras colapsadas

Antecedentes y causas de los derrumbes

Un derrumbe es el colapso y consiguiente desprendimiento, total o parcial, de una construcción. En España las intervenciones reales por estructuras colapsadas son poco frecuentes; se producen episodios aislados (como el terremoto de Lorca), pero sus consecuencias pueden agravarse por roturas de tuberías de gas que incendian los escombros. Los servicios de bomberos activan protocolos inmediatos con el personal de guardia y solicitan refuerzos si es necesario. Algunos cuerpos disponen de equipos especializados BREC (Búsqueda y Rescate en Estructuras Colapsadas) o USAR (Urban Search and Rescue).

Las causas de derrumbe se agrupan en dos grandes categorías: naturales y antrópicas. Los derrumbes por causas naturales incluyen terremotos, aludes o corrimientos de tierra, riesgos cósmicos y erupciones volcánicas. Los derrumbes por causas antrópicas son consecuencia directa de la acción humana: falta de mantenimiento, reformas mal ejecutadas, construcciones paralelas que afectan a edificios colindantes, explosiones de gas, atentados terroristas e incendios.

Los atentados terroristas son los más peligrosos para los equipos de rescate, ya que pueden quedar artefactos sin detonar. La intervención debe coordinarse con las fuerzas de seguridad y solo se actúa cuando se ha comprobado que no hay más artefactos, salvo necesidad urgente de rescate. Los derrumbes por incendio afectan especialmente a estructuras de madera (que colapsan al consumirse la estructura) y a estructuras metálicas (cuyo desplome se produce casi al unísono por pérdida de propiedades del metal).

Datos clave

  • Derrumbe: colapso total o parcial de una construcción.
  • BREC: Búsqueda y Rescate en Estructuras Colapsadas. USAR: Urban Search and Rescue.
  • Causas antrópicas principales: falta de mantenimiento, reformas deficientes, construcciones paralelas, explosiones de gas, atentados, incendios.
  • En atentados: actuar siempre bajo las órdenes de las fuerzas de seguridad y solo tras confirmación de ausencia de artefactos sin detonar.
  • Terremoto: sacudida brusca de la corteza terrestre por liberación de energía en forma de ondas sísmicas. Hipocentro = zona interior donde se produce; epicentro = punto superficial perpendicular al hipocentro donde repercuten las ondas con mayor intensidad.
  • Ondas sísmicas: P (longitudinales/primarias), S (transversales/secundarias) y superficiales (Rayleigh y Love).
  • Escalas de medición sísmicas: MSK y Richter (la más divulgada en medios).

Tipos de derrumbe y huecos de vida

El parámetro fundamental para estudiar un derrumbe desde el punto de vista operativo es la existencia de «huecos de vida»: espacios donde con mayor probabilidad pueden encontrarse supervivientes. Los factores que condicionan su formación son el tipo de suelo, el tipo de estructura, el diseño del edificio, la altura, la distribución interior, las sobrecargas por planta y la presencia de edificios colindantes.

El manual describe doce tipologías básicas de derrumbe. El derrumbe oblicuo o de plano inclinado se produce cuando colapsan pilares o muros de un lateral, quedando el forjado parcialmente apoyado y formando huecos de vida bajo el plano inclinado cerca de los muros en pie. El derrumbe total o superposición de planos es la caída de varias plantas unas sobre otras formando estratos; cuanto más inclinados sean los estratos, más probabilidades hay de huecos. La marquesina es el hueco libre entre un plano inclinado, un muro vertical y el suelo; su variante «en V» se produce cuando el forjado cede por el centro.

El espacio relleno es un recinto completamente lleno de escombros con casi nula formación de huecos; afecta principalmente a sótanos. El espacio inundado-embarrado añade agua y lodo, generando riesgo de asfixia y ahogamiento con probabilidades de supervivencia muy bajas. El espacio estratificado acumula escombros comprimidos en sótano o planta baja con los muros en pie; cuanto más inclinados los estratos, más huecos posibles.

Otras tipologías relevantes: el tapón de escombros bloquea los accesos (riesgo de asfixia por gas u oxígeno); el local impactado conserva su forma tras una explosión pero con solidez dudosa; el nido de golondrinas (suelos resistentes pero cerramientos y techo destruidos por onda expansiva, gran inestabilidad); los escombros adosados al exterior (montón al pie de la fachada; puede haber víctimas ocupantes arrastrados o transeúntes sorprendidos); los escombros dispersos en el exterior (dificultan la circulación); y el derrumbamiento en cono de escombros (estructura completamente destrozada, supervivencia casi nula).

Datos clave

  • Huecos de vida: espacios de supervivencia; su existencia depende de tipo de suelo, estructura, diseño, altura, distribución, sobrecargas y edificios colindantes.
  • Tipología oblicuo/plano inclinado: víctimas al pie del plano y bajo él, cerca de muros en pie.
  • Marquesina: hueco entre plano inclinado, muro vertical y suelo; variante «en V» por colapso central.
  • Espacio relleno: sótanos; casi sin huecos de vida; puede requerir apertura de galerías.
  • Espacio inundado-embarrado: primera medida = evacuar agua por si quedase aire.
  • Nido de golondrinas: suelos resistentes, cerramientos/techo destruidos; evaluar estabilidad antes de actuar.
  • Cono de escombros: edificio completamente destrozado; buscar desde sótanos vecinos mediante galerías.

Desarrollo general de las intervenciones BREC

Las intervenciones BREC siguen un proceso estructurado en cinco grandes fases: preparación (formación y entrenamiento), activación-registro-asignación, fases de intervención propiamente dichas, desmovilización (proceso inverso al inicial, para no generar riesgos innecesarios) y briefing posterior para analizar las lecciones aprendidas.

Dentro de la intervención propiamente dicha, las etapas operativas son: asegurar la escena (análisis de inestabilidades y estabilizaciones previas, siempre desde zonas seguras), evaluación inicial (reconocimiento estratégico: tipo de construcción, clase y tipo de hundimiento, huecos de vida potenciales, accesos, instalaciones, edificios colindantes), distribución del área de trabajo en tres zonas (intervención, alerta y apoyo), asignación de funciones, y reconocimiento y evaluación continuos a lo largo de toda la intervención.

La zonificación es crítica: sin sectorialización las operaciones se desarrollan de forma inadecuada y aumentan los riesgos. La zona de intervención es exclusiva de bomberos (excepcionalmente sanitarios); si es muy grande, se divide en sectores con un mando al frente de cada uno. La zona de alerta es contigua e incluye puntos de encuentro y recepción de medios. La zona de apoyo alberga el Puesto de Mando Avanzado (PMA) desde donde se coordina con el resto de servicios.

En cuanto a la asignación de funciones, el mando puede gestionar eficazmente hasta un máximo de cinco conexiones (mandos de menor nivel jerárquico). Para evitar sobrecarga, debe delegar las acciones de búsqueda, señalización, estabilización, perforación, etc.

Datos clave

  • 5 fases BREC: preparación → activación/registro/asignación → intervención → desmovilización → briefing posterior.
  • 3 zonas de trabajo: intervención (solo bomberos), alerta (recepción de medios), apoyo (PMA y coordinación).
  • Fachada principal = lado 1; el resto se numera en sentido horario. Planta de acceso = planta 0; superiores: +1, +2…; inferiores: -1, -2…
  • Mando: puede controlar hasta un máximo de 5 conexiones directas.
  • PMA: Puesto de Mando Avanzado.

Búsqueda y localización de víctimas

El tiempo es el factor fundamental en las intervenciones en estructuras colapsadas. La probabilidad de supervivencia de una persona sepultada es razonablemente elevada durante las primeras 24 horas; a partir de ese momento decrece de forma exponencial hasta las 96 horas y es francamente remota a las 120 horas. La supervivencia también depende del tipo de atrapamiento (estructural o no estructural) y de la especialización de los equipos.

Aproximadamente el 50 % de las víctimas tras un colapso se encuentran en superficie o parcialmente atrapadas, por lo que hay que revisar eficazmente el exterior antes de penetrar en el edificio. El 30 % restante se encuentra bajo escombros en profundidad y requiere técnicas especializadas.

Los métodos de búsqueda se clasifican en tres niveles. La búsqueda física emplea el procedimiento de «Llamada-Escucha» (voz o golpes seguidos de silencio absoluto, mensajes uniformes y concisos: «¡Silencio total! ¡Somos del equipo de rescate! ¡Si alguien puede oírme, grite o golpee!») y patrones visuales y táctiles. Los patrones visuales incluyen el patrón circular externo en cruz (cuatro miembros distribuidos alrededor del área, llamadas en sentido horario), el patrón de avance en línea (rescatadores en fila separados metro y medio, avanzando en silencio dos o tres metros cada vez) y el patrón de búsqueda en habitaciones múltiples (iniciando siempre por el mismo lado, generalmente la derecha). La búsqueda técnica utiliza geófonos (amplifican sonidos en radio de ~10 metros, con sensores electromagnéticos, de reluctancia, de capacidad o piezométricos) y cámaras de vídeo. La búsqueda especializada incluye unidades caninas (UCR) y retirada selectiva de escombros.

El perro de rescate debe reunir tres condiciones esenciales: autonomía (capacidad de disociarse del guía), motivación (conducta adquirida que lo blinda ante estímulos inhibitorios) y concentración (proceso olfativo de venteo hacia el foco de emanación). El guía canino o el responsable UCR es quien resuelve las dudas de comportamiento con el perro en zona de catástrofe.

Datos clave

  • Supervivencia: elevada hasta 24 h; decrece exponencialmente hasta 96 h; remota a las 120 h.
  • ~50 % de víctimas en superficie o parcialmente atrapadas; ~30 % bajo escombros en profundidad.
  • Procedimiento Llamada-Escucha: voz o golpes + silencio absoluto; mensajes uniformes, directos, claros.
  • Geófonos: amplifican sonidos; radio ~10 m; tipos de sensores: electromagnéticos, reluctancia, capacidad, piezométricos.
  • Perro de rescate: tres condiciones — autonomía, motivación, concentración.
  • No tirar comida en zonas de trabajo canino; no jugar ni acariciar sin permiso del guía; personal aguas abajo del viento antes de la búsqueda.
  • Retirada selectiva de escombros: solo cuando la búsqueda no da resultados positivos o se sabe que hay víctimas ocultas; con maquinaria pequeña y manualmente.
  • Retirada total de escombros: última fase, con maquinaria pesada, solo cuando se tiene certeza de ausencia de víctimas (generalmente 4-5 días después del derrumbe).

Señalización y triage estructural

Antes de iniciar el rescate, los equipos deben establecer el orden de actuación en las distintas estructuras: esto se denomina triage estructural. Sus dos criterios prioritarios son la posibilidad de rescatar víctimas vivas y la seguridad para los intervinientes. El triage es obligatorio cuando existen más de tres edificios bajo responsabilidad de un mismo equipo; lo realiza el jefe del equipo (asesorado, si es posible, por especialistas en estructuras) y debe completarse en un máximo de aproximadamente dos horas. Se reevalúa constantemente; si se confirma la presencia de víctimas con vida, se inicia el rescate aunque no haya finalizado el triage.

Las guías de INSARAG (publicadas por la ONU en enero de 2007) establecen ocho categorías de clasificación de estructuras, combinando la presencia de víctimas vivas, las dimensiones de los espacios vitales y la estabilidad del edificio (del 1 —víctimas vivas, estable o inestable— al 8 —sin víctimas vivas—). La categoría 6 solo se aplica cuando el equipo decide no realizar ninguna actividad de rescate.

Para la señalización in situ, el sistema de referencia internacional es INSARAG. En la Fase 1 (reconocimiento estructural) se dibuja en color naranja un cuadrado de 1 m × 1 m en el exterior de cada estructura evaluada, con la información del equipo, fechas, horas y la indicación «G» (Go, seguro entrar) o «N» (No Go). En la Fase 2 (búsqueda y localización) la información se plasma en el exterior del cuadrado: arriba = peligros; abajo = personas desaparecidas; izquierda = rescatados con vida; derecha = cadáveres recuperados. Al completar el trabajo, se rodea el cuadrado con un círculo. Para indicar que ya no queda nadie con vida, se traza una línea horizontal atravesando la señal por la mitad.

Las señales acústicas operativas son universales para todos los equipos: evacuar = tres señales cortas repetidas; parar trabajos (orden de silencio) = una señal larga; reanudar trabajos = una señal larga seguida de una corta.

Datos clave

  • Triage estructural: obligatorio con más de 3 edificios bajo un mismo equipo; duración máxima ~2 horas; responsabilidad del jefe del equipo.
  • Categorías INSARAG: 8 niveles según víctimas vivas, tamaño de espacios y estabilidad (guías ONU, enero 2007).
  • Señalización INSARAG: color naranja; cuadrado 1 m × 1 m en exterior; Fase 1 = reconocimiento estructural (G/No Go + equipo + fechas); Fase 2 = peligros (arriba), desaparecidos (abajo), rescatados vivos (izquierda), cadáveres (derecha).
  • Círculo rodeando el cuadrado = trabajo completado.
  • Línea horizontal a mitad del cuadrado = sin víctimas vivas en la estructura.
  • Señales acústicas: 3 cortas = evacuar; 1 larga = silencio/parar trabajos; 1 larga + 1 corta = reanudar.
  • Otros sistemas: FEMA (USA), Francés (rectángulo), EMA (Australia), Equipos orientales.

Contacto con las víctimas y sistemas de traslado

Cuando se localiza una víctima puede estar alterada, desorientada o en estado de shock. El protocolo de contacto establece cuatro pautas: identificación (indicar que somos del equipo de rescate y llamarla por su nombre), comunicación (mensajes breves y claros para transmitir calma), apoyo (animar a colaborar y reconocer cualquier esfuerzo) e información exterior (evitar mentir, responder con datos genéricos ante preguntas comprometidas y consultar si estaba acompañada para identificar posibles víctimas adicionales).

Una vez atendida y liberada, la víctima se evacua a zona segura para su asistencia sanitaria. Los métodos de traslado se adaptan al número de efectivos disponibles y al estado del herido. Los métodos de un solo rescatador son el de «en brazos» (una mano bajo rodillas, otra en la espalda) y el de «a cuestas» (menos esfuerzo de brazos, peso repartido en el tronco). El método de la muleta permite que uno o dos bomberos soporten a la víctima que apoya sus brazos en la nuca del rescatador; si solo hay un rescatador, la víctima debe estar consciente.

El método del bombero se emplea con el rescatador en paralelo a la víctima, haciendo tope con los pies y elevándola sobre su costado. El método de la silla de manos (para dos rescatadores) forma una silla con los brazos de ambos en variante arco o cruz. El método con tres bomberos traslada a la víctima horizontalmente manteniendo la columna recta: el bombero n.º 1 sujeta omoplatos y cuello, el n.º 2 lumbares y muslo, el n.º 3 pantorrillas. El método del puente requiere cuatro bomberos: tres sostienen al herido mientras el cuarto introduce la camilla por debajo. El método de semirotación (cuatro bomberos) se realiza en cuatro etapas: sujeción, rotación del herido, presentación de la camilla y colocación.

Datos clave

  • Protocolo de contacto con víctima: identificación → comunicación → apoyo → información exterior.
  • Método de 1 rescatador: «en brazos» o «a cuestas».
  • Método de la muleta: 1 o 2 rescatadores; la víctima apoya brazos en nuca del rescatador; requiere consciencia si es 1 solo rescatador.
  • Método del bombero: 1 rescatador; víctima elevada sobre el costado sujetando piernas y brazo.
  • Silla de manos: 2 rescatadores; variantes arco o cruz.
  • Método con 3 bomberos: traslado horizontal; bombero 1 = cuello/omoplatos, 2 = lumbares/muslo, 3 = pantorrillas.
  • Método del puente: 4 bomberos; 3 sujetan y 1 introduce la camilla; mando en la cabecera.
  • Método de semirotación: 4 bomberos; 4 etapas (sujeción, rotación, presentación de camilla, colocación).