Lengua española
La comunicación y sus elementos
La comunicación es el proceso mediante el cual un emisor transmite un mensaje a un receptor a través de un canal, empleando un código común a ambos y dentro de un contexto determinado. El emisor es quien produce y envía el mensaje; el receptor, quien lo recibe e interpreta. El mensaje constituye el contenido informativo que se transmite, mientras que el código es el sistema de signos compartido —como la lengua española— que permite codificar y decodificar dicho mensaje.
El canal es el medio físico por el que circula el mensaje: el aire en la conversación oral, el papel en la escritura o las ondas electromagnéticas en la comunicación digital. El contexto abarca tanto la situación extralingüística en que se produce el acto comunicativo como el entorno verbal que rodea al mensaje, lo que influye decisivamente en su interpretación. Cuando alguno de estos elementos falla, la comunicación se interrumpe o distorsiona, fenómeno denominado ruido.
Roman Jakobson identificó seis funciones del lenguaje según el elemento del esquema comunicativo en que se centra el mensaje: la función referencial o representativa, orientada al contexto; la emotiva, centrada en el emisor; la conativa, dirigida al receptor; la fática, orientada al canal para abrir o mantener la comunicación; la metalingüística, centrada en el propio código; y la poética, que pone el foco en la forma del mensaje.
Datos clave
- Emisor: produce y codifica el mensaje.
- Receptor: recibe y decodifica el mensaje.
- Canal oral: soporte acústico; canal escrito: soporte gráfico.
- Ruido: cualquier interferencia que dificulta la comunicación.
- Función referencial: transmite información objetiva sobre la realidad.
- Función conativa: pretende influir en la conducta del receptor (ej.: órdenes, ruegos).
Los niveles de estudio de la lengua
La lingüística estudia la lengua desde distintos planos o niveles de análisis, cada uno con sus unidades y métodos específicos. El nivel fonético-fonológico examina los sonidos del habla: la fonética describe los sonidos tal como se articulan y perciben físicamente, mientras que la fonología estudia los fonemas, unidades abstractas y funcionales que permiten distinguir significados. El español cuenta con 24 fonemas, distribuidos en vocálicos y consonánticos.
El nivel morfológico analiza la estructura interna de las palabras y los morfemas que las integran. Los morfemas son las unidades mínimas con significado: los lexemas aportan el significado léxico y los morfemas gramaticales (género, número, tiempo, persona, etc.) añaden información gramatical. La morfología se divide en flexiva —que estudia las variaciones de una misma palabra— y derivativa —que estudia la formación de nuevas palabras mediante prefijos, sufijos e interfijos.
El nivel sintáctico estudia cómo se combinan las palabras para formar sintagmas y oraciones con sentido. La sintaxis establece las relaciones de dependencia y jerarquía entre los constituyentes oracionales. Por su parte, el nivel léxico-semántico se ocupa del vocabulario y del significado: el léxico es el conjunto de palabras de una lengua y la semántica analiza el significado de esas unidades y las relaciones que establecen entre sí.
Datos clave
- Fonema: unidad mínima distintiva; ej.: /p/ y /b/ distinguen «pino» y «vino».
- Morfema lexical o lexema: «cant-» en «cantar», «cantante», «canto».
- Sintagma: grupo de palabras con un núcleo (nominal, verbal, adjetival, adverbial).
- La semántica estudia el significado de palabras, enunciados y textos.
- Los cuatro niveles son complementarios y se aplican de forma simultánea al analizar la lengua.
Las categorías gramaticales
Las categorías gramaticales o clases de palabras son los grupos en que se clasifican las unidades léxicas según sus propiedades morfológicas, sintácticas y semánticas. El sustantivo es el núcleo del sintagma nominal y designa entidades, personas, lugares o conceptos; posee género y número inherentes. El adjetivo califica o especifica al sustantivo y concuerda con él en género y número; puede ser calificativo («alto») o determinativo, aunque la gramática moderna reserva esta última función al determinante.
El determinante actualiza o delimita al sustantivo y precede al sintagma nominal: artículos («el», «una»), demostrativos («este», «aquel»), posesivos («mi», «sus»), numerales e indefinidos. El pronombre sustituye al sintagma nominal y evita su repetición; incluye pronombres personales, relativos, interrogativos, indefinidos y demostrativos. El verbo es el núcleo del predicado y expresa acciones, estados o procesos; se conjuga en persona, número, tiempo, modo y aspecto.
El adverbio modifica al verbo, al adjetivo o a otro adverbio y es una clase de palabras invariable en cuanto a género y número. La preposición es un enlace invariable que introduce complementos nominales o verbales y establece relaciones de lugar, tiempo, causa, modo, etc. («a», «de», «en», «por», «para»). La conjunción une palabras, sintagmas u oraciones: las coordinantes enlazan elementos del mismo nivel jerárquico y las subordinantes introducen proposiciones dependientes.
Datos clave
- Sustantivo: género y número propios; núcleo del SN.
- Verbo: única categoría que puede constituir por sí sola una oración («llueve»).
- Preposiciones del español: a, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, durante, en, entre, hacia, hasta, mediante, para, por, según, sin, so, sobre, tras, versus, vía.
- El adverbio no varía en género ni número, a diferencia de adjetivos y determinantes.
- Los pronombres personales de primera y segunda persona no tienen antecedente en el texto; los relativos sí lo tienen.
La oración: sujeto y predicado
La oración es la unidad mínima de comunicación con sentido completo, constituida por un sujeto y un predicado. El sujeto es el sintagma nominal —o la desinencia verbal— sobre el que se dice algo; concuerda con el verbo en persona y número. Puede ser expreso («Los agentes patrullan la zona») o tácito cuando se omite porque la desinencia verbal lo indica («Patrullan la zona»). El sujeto puede ser simple, si tiene un único núcleo, o compuesto, si tiene varios.
El predicado es el sintagma verbal que expresa lo que se dice del sujeto. Se distingue entre predicado verbal, cuyo núcleo es un verbo predicativo («El testigo declaró la verdad»), y predicado nominal, formado por un verbo copulativo («ser», «estar», «parecer») más un atributo que caracteriza al sujeto («El acusado es inocente»). Dentro del predicado verbal pueden aparecer complementos: directo, indirecto, circunstancial, agente y de régimen.
El complemento directo es el elemento que completa el significado de los verbos transitivos y puede sustituirse por los pronombres «lo», «la», «los», «las». El complemento indirecto designa al destinatario de la acción y se sustituye por «le» o «les». Los complementos circunstanciales añaden información de lugar, tiempo, modo, causa, finalidad, etc., y no están seleccionados por el verbo.
Datos clave
- Concordancia sujeto-verbo: obligatoria en persona y número.
- Atributo: complemento del verbo copulativo; concuerda con el sujeto.
- Prueba del CD: sustitución por «lo/la»; prueba del CI: sustitución por «le/les».
- Oración impersonal: no tiene sujeto léxico ni gramatical (ej.: «Nieva», «Hay ruido»).
- El sujeto nunca va introducido por preposición en español estándar.
Oraciones simples y compuestas
Una oración simple contiene un único verbo conjugado (o perífrasis verbal) y, por tanto, un solo predicado. Según la actitud del hablante, las oraciones simples pueden ser enunciativas, interrogativas, exclamativas, imperativas, dubitativas o desiderativas. Según la naturaleza del predicado, se clasifican en copulativas y predicativas; estas últimas, a su vez, en transitivas, intransitivas, reflexivas, recíprocas e impersonales.
Las oraciones compuestas están formadas por dos o más proposiciones. Cuando las proposiciones se unen en un mismo nivel jerárquico, se habla de oraciones coordinadas, que pueden ser copulativas («y», «ni»), disyuntivas («o»), adversativas («pero», «sino») o distributivas («bien… bien»). Cuando una proposición depende de otra y funciona como uno de sus constituyentes, se forman oraciones subordinadas.
Las oraciones subordinadas se clasifican según la función que desempeña la proposición subordinada: sustantivas, si equivalen a un sintagma nominal y pueden ejercer de sujeto, CD, CI o atributo; adjetivas o de relativo, si modifican a un sustantivo antecedente; y adverbiales, si funcionan como complementos circunstanciales (lugar, tiempo, modo, causa, finalidad, consecuencia, condición, concesión).
Datos clave
- Coordinación: proposiciones independientes unidas por conjunciones coordinantes.
- Subordinación: una proposición depende sintácticamente de otra (proposición principal).
- Proposición de relativo especificativa: restringe el significado del antecedente («El agente que detuvo al sospechoso»).
- Proposición de relativo explicativa: añade información accesoria, entre comas («El agente, que llegó tarde, recibió la orden»).
- Oraciones yuxtapuestas: proposiciones unidas solo por signos de puntuación, sin conjunción.
Ortografía: acentuación, grafías y signos de puntuación
Las reglas de acentuación del español determinan cuándo una palabra debe llevar tilde (acento gráfico). Las palabras agudas —con acento prosódico en la última sílaba— se tildan si terminan en vocal, en «n» o en «s» (ej.: «camión», «compás»). Las palabras llanas —con acento en la penúltima sílaba— llevan tilde cuando NO terminan en vocal, «n» o «s» (ej.: «árbol», «lápiz»). Las palabras esdrújulas y sobreesdrújulas siempre se tildan (ej.: «médico», «dígamelo»). La tilde diacrítica distingue palabras de igual forma pero diferente función gramatical: «tú» (pronombre) frente a «tu» (posesivo), «él» (pronombre) frente a «el» (artículo), «sé» (verbo) frente a «se» (pronombre).
En cuanto al uso de las grafías, la b y la v representan el mismo fonema /b/ en español, lo que hace necesario conocer sus reglas de distribución. Se escribe b en los verbos terminados en «-bir» (excepto hervir, servir, vivir), en los pretéritos imperfectos de indicativo de los verbos de la primera conjugación y en el verbo «ir» (iba), así como en las palabras que contienen los prefijos «bi-», «bis-», «biz-» y «sub-». Se emplea v en los adjetivos terminados en «-ava», «-ave», «-avo», en las formas del verbo «andar», «tener» y «venir» y después de «b», «d» y «n». La h es una letra sin valor fónico en español actual; su uso es puramente ortográfico y requiere memorización de las principales familias léxicas y verbos que la incluyen.
La g tiene sonido velar suave ante a, o, u, y sonido velar fricativo sordo ante e, i cuando se escribe con j. La j se usa en los derivados de palabras que terminan en «j» y en las formas de verbos cuyo infinitivo no tiene g ni j. Los signos de puntuación estructuran el texto escrito: el punto señala el final de un enunciado; la coma separa elementos en enumeraciones, incisos y proposiciones adverbiales antepuestas; el punto y coma delimita miembros de un período con cierta independencia; los dos puntos anuncian una enumeración o cita; las comillas destacan citas textuales o usos metalingüísticos.
Datos clave
- Agudas con tilde: terminadas en vocal, n o s (ej.: «café», «jardín», «ciprés»).
- Llanas con tilde: NO terminadas en vocal, n o s (ej.: «fácil», «álbum»).
- Esdrújulas: siempre llevan tilde sin excepción.
- Tilde diacrítica: «más» (adverbio) / «mas» (conjunción adversativa).
- La h intercalada no altera la división silábica ni las reglas de acentuación.
- El punto y seguido separa enunciados dentro del mismo párrafo; el punto y aparte, párrafos distintos.
El léxico y las relaciones semánticas
El léxico es el conjunto de todas las palabras que forman una lengua. Se distingue entre vocabulario activo —palabras que el hablante usa habitualmente— y vocabulario pasivo —palabras que comprende pero no emplea con frecuencia. El enriquecimiento léxico se produce mediante procedimientos de formación de palabras (derivación, composición, parasíntesis) y mediante la incorporación de préstamos de otras lenguas o neologismos creados para nuevas realidades.
La semántica estudia el significado de las unidades lingüísticas y las relaciones que estas establecen entre sí. La sinonimia se da cuando dos o más palabras tienen significados equivalentes o muy próximos: «comenzar» y «empezar», aunque rara vez son perfectamente intercambiables en todos los contextos. La antonimia es la relación de oposición de significado: puede ser gradual («frío»/«caliente»), complementaria («vivo»/«muerto») o recíproca («comprar»/«vender»).
La polisemia consiste en que una misma palabra posee varios significados relacionados entre sí por extensión metafórica o metonímica: «banco» puede designar un asiento, una entidad financiera o un banco de peces. La homonimia, en cambio, ocurre cuando dos palabras de origen diferente y sin relación semántica coinciden en su forma: «vino» (bebida) y «vino» (forma del verbo «venir»). Otras relaciones semánticas relevantes son la hiperonimia (término de significado más general: «flor» respecto de «rosa») y la hiponimia (término específico incluido en el hipónimo).
Datos clave
- Sinónimos totales son muy raros; lo habitual son sinónimos parciales con diferencias de registro o matiz.
- Antonimia gradual admite grados intermedios (ej.: «tibio» entre «frío» y «caliente»).
- Polisemia: una forma, varios significados relacionados histórica o metafóricamente.
- Homonimia: dos formas iguales con etimologías distintas y significados sin relación.
- Campo semántico: conjunto de palabras que comparten un rasgo de significado común (ej.: «silla», «mesa», «armario» → mobiliario).
Propiedades del texto y la expresión escrita
Un texto es una unidad comunicativa completa, oral o escrita, dotada de significado y coherente en sí misma. Para que un conjunto de enunciados pueda considerarse texto, debe reunir tres propiedades fundamentales: adecuación, coherencia y cohesión. La adecuación es la propiedad por la que el texto se ajusta a la situación comunicativa: el emisor selecciona el registro lingüístico —formal, coloquial, técnico, literario— apropiado al receptor, al canal y al propósito del acto comunicativo.
La coherencia es la propiedad que dota al texto de unidad temática y lógica. Un texto coherente presenta un tema central claramente identificable, desarrolla ese tema de forma organizada y no incluye información contradictoria ni irrelevante. La coherencia se manifiesta en la progresión temática —cómo se introduce información nueva a partir de la ya conocida— y en la estructura global del texto (introducción, desarrollo, conclusión en los textos expositivos y argumentativos).
La cohesión hace referencia a los mecanismos lingüísticos que conectan las diferentes partes del texto y crean relaciones de continuidad entre ellas. Los principales mecanismos de cohesión son la referencia (uso de pronombres y determinantes para recuperar elementos mencionados), la sustitución léxica (uso de sinónimos, hiperónimos o expresiones equivalentes para evitar la repetición), la elipsis (omisión de elementos recuperables por el contexto) y los conectores discursivos (conjunciones, adverbios y locuciones que señalan relaciones lógicas: adición, contraste, causa, consecuencia, etc.).
Datos clave
- Adecuación: elección del registro apropiado al contexto (formal, coloquial, técnico).
- Coherencia: unidad temática; sin contradicciones ni digresiones irrelevantes.
- Cohesión: mecanismos de enlace; conectores como «sin embargo», «por tanto», «además».
- Elipsis: supresión de elementos recuperables que agiliza el texto y evita redundancias.
- En la expresión escrita administrativa se exige precisión, objetividad, claridad y adecuación al registro formal.